Palomino, La Guajira en moto

Este viaje se empezó a planear en los últimos meses del 2016, cada uno de los detalles estaba perfectamente medido y lo único que quedaba era cumplir una agenda que no tenía mayor información más que los sitios en el mapa donde nos íbamos a quedar, la gasolina que se iba a gastar ,y claramente, el dinero que se destinaba a la cerveza.

Entonces la ruta pensada tenía como destino final a Mayapo, al norte de Rioacha, lugar que nos recomendaron porque era tranquilo y lo más al norte de la Guajira que podíamos llegar teniendo solo los días de semana santa para lograrlo.

Los requisitos no iban más allá de revisiones a las máquinas cada tanto tiempo y que estuvieran en optimas condiciones para viajar, en el caso de la Royal Enfield se cambiaron llantas, bujías, calibraron válvulas, cunas nuevas, batería y una revisión del motor en general, a la Harley Davidson por su lado tuvo las revisiones de rigor del motor y casi un cambio total del sistema eléctrico, al final parecía que todo estaba listo en marzo.

La historia nos tenía otro plan.

El viernes 31 de marzo, en una caída aparatosa, me lesioné la rodilla izquierda. El dictamen: lesión de ligamento interno, lo que en términos de recuperación va de 3 a 6 semanas.

En resumen, lo suficiente para perder el viaje y todo lo que habíamos planeado, las intenciones de empezar una aventura que de verdad valiera la pena y dejar por un momento todo lo que habíamos planeado.

El viaje empezó a estar en duda pues no había avances, el dolor era mayor y a menos de ocho días para salir no se veía posible lograrlo, por lo menos no como se había pensado. Lo que convirtió el viaje en una espera, pues empezábamos el 8 de abril y solo sabíamos si podíamos viajar según lo que dijera el doctor el 5 de abril.

Angustiado por los resultados, pedí la cita un día antes de lo que la incapacidad obligaba, creí que era el tiempo lo suficientemente necesario para tener todo listo en caso de que la respuesta fuera positiva. Después de un par de revisiones, la rodilla no estaba en sus mejores condiciones, llena de golpes y un dolor que es difícil de describir, sobretodo porque es casi imposible mantenerse en pie por propios medios y miedos.

Resultó estar en buenas condiciones, aunque no le dije al doctor para qué necesitaba estar bien, pero lo suficiente para empezar la recuperación con terapias. Ahora solo quedaba dar la noticia y prepararnos para salir a la carretera.

La ruta empezaba en dos puntos, Manizales y Bogotá, el primer encuentro sería en Puerto Salgar, Caldas, el sábado a las 10:00 a.m. que por retrasos y problemas de logística, se convirtió en las 11:00 a.m. nada grave, pero teniendo en cuenta que debíamos llegar a Aguachica, Cesar, ese mismo día teníamos mucho camino que recuperar.

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Puerto Salgar, Caldas. Abril 2017

Nos acompañaban Paulo y Christina, vallunos que también viven en Bogotá. Ellos viajaban en una Royal Enfield Classic 500 cromada. Más adelante partimos camino porque querían llegar a Aracataca, pueblo de historias de García Márquez.

Un almuerzo en Puerto Araujo que no pasó de los $12.000 fue la única parada relevante en todo el viaje, teníamos claro que para el primer día teníamos que llegar al Cesar sin importar la hora. Aguachica apareció en las señales de transito a las 7:00 p.m.

Lo mejor de llegar a este pueblo fue el descanso, habían sido unas 13 horas de camino casi constante lleno de rectas que parecía que nunca iban a terminar. Es de resaltar que la ruta del sol, si bien tiene alguno imperfectos, fue una ruta sin mayores contratiempos salvo los animales que se atraviesan en camionetas y los perros que no saben cómo cruzar.

La recomendación: Salir en la noche a la plaza del pueblo, comer salchipapa y unas cervezas en alguna de las cantinas.

A las 7:30 a.m. del domingo ya teníamos listo todo para volver a salir, aquí mi pierna parecía estar empeorando pues la circulación hacía que aparecieran más morados, lo que en un principio me asustó demasiado, pero no iba a devolverme o a parar, sabiendo que era una gran irresponsabilidad.

Paramos dos horas después de Aguachica y antes de Pailitas, nos vendieron casi toda la cubeta de huevos porque el desayuno fue costoso para lo poco que se comió. Aprendimos que hay que preguntar antes de comprar cuando el presupuesto no es alto, un error de principiantes a decir verdad.

En este sector, lo que nos ayudó bastante, la gasolina es muy económica, en mi caso el tanque de mi Royal Enfield se llenaba con $13.000 y la Harley Davidson con $21.000.

Cuando el reloj marcó la 1:00 p.m. paramos cerca a Fundación, Magdalena, a unos cuantos minutos de donde partimos caminos con Paulo y Christina, paramos a almorzar pues en teoría estábamos cerca de llegar a nuestro destino: Santa Marta y posteriormente Palomino. Aprovechamos para tomar un descanso porque empezó a llover y no queríamos arriesgar de ninguna forma el viaje.

Tres horas más adelante llegamos a la entrada de Santa Marta, empezamos a ver barcos lo que es un gran acontecimiento para dos personas que conocen muy poco del mar.

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The Oiled Devils, Santa Marta 2017

Y por fin, muchas horas de viaje después logramos llegar o por lo menos eso creíamos, todavía nos faltaba un par de kilómetros hasta Palomino, básicamente dos horas de viaje que aún desconocíamos.

A las 5:00 p.m. del domingo ya teníamos nuestras carpas armadas y nos disponíamos a bajar al mar, que nos recibía tranquilo y con un muy buen aire.

La recomendación en Palomino es el hostal Ocelote dirigido por una español lleno de excentricidades pero que es realmente divertido, donde conocimos a Mauricio, un cafetero que dejó todo en Armenia para vivir al lado del mar, al parecer todo marchaba bien porque trabajaba poco. Curiosamente también encontramos a una gran amiga mía, Natalia que se graduó de la universidad conmigo pero que decidió descubrir el mundo en vez de quedarse detrás de un computador todos los días. Tiene un negocio próspero en la playa y planea seguir viajando, aún no está lista para quedarse en un solo punto.

 

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The Oiled Devils, Palomino 2017

 

 

Muchos días tuvieron que pasar bajo la incertidumbre de no saber si esto podía pasar, algunas lagrimas y preocupación abordaron cada segundo de espera, pero a la final todo salió perfecto, como debía salir y aunque no tuvimos la oportunidad de llegar geográficamente hasta el punto que queríamos, es una aventura que seguramente tendrá más historias que si hubiera salido como se planeó.

Alejandro y yo, cada metro adelante descubríamos que es lo que queremos hacer por el resto de los días, disfrutar del camino en dos ruedas, seguir descubriendo rutas y lugares que seguramente muchos ya han visitado pero no todos han vivido. Por eso ya seguimos en los planes de nuestro siguiente destino.

Finalmente, esta fue nuestra ruta, nos volvimos a separar en La Dorada bajo una lluvia impresionante que no paró en ninguna de las 4 horas que nos restaban de viaje, pero que al final no tuvo mayor impacto en el viaje.

Bogota, Cundinamarca – Aguachica, Cesar

Manizales, Cundinamarca – Aguachica, Cesar

Palomino, Guajira – La Dorada, Caldas

La Dorada – Bogotá

La Dorada – Manizales

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